Laura Graciela Moro
Siempre tejí para mi familia. Soy docente (hoy ya jubilada) y una vez llevé al colegio un cuello de volados muy original. Una compañera me pidió uno y decidí regalárselo, como muestra de cariño por los más de 30 años compartidos.
Así empezó todo: entre profes que íbamos de un colegio a otro, comenzaron a pedirme cuellos, bufandas y caminos de mesa. No daba abasto, porque recién volvía a casa a las 18 hs, pero igual seguía tejiendo. Algunas colegas que trabajaban en terciarios veían mis creaciones y también me encargaban. Ese trabajo extra me ayudó a solventar los viáticos de mis hijas mientras estudiaban en la UBA.