Patricia Ester Pérez Spratte
Cuando me quedé sin trabajo, me capacité gracias a los cursos gratuitos de alta costura y modista que se dictaban en Avellaneda. Un día le confeccioné un ambo a mi hijo mayor, que estudiaba medicina, y sus compañeros, al verlo, comenzaron a pedirme. Así nació Ángel de la Guardia, a mis 41 años, con la necesidad de reinsertarme en el ámbito laboral.
El camino no siempre fue fácil: a veces no hay ventas, pero también hubo temporadas en las que pasé noches sin dormir por el trabajo y, en otras ocasiones, necesité la ayuda de mi hija y mi marido para rotular y embolsar a tiempo. Todo cobra sentido cuando veo el fruto del esfuerzo terminado.